Grandes realidades

Arquitectura por y para la comunidad

El diseño participativo cada vez es más importante para el desarrollo de proyectos que beneficiarán a una comunidad. Las ideas y conocimientos que aportan los usuarios finales son de gran valor para la planeación y ejecución de las obras.

El diseño participativo busca que las intervenciones y proyectos urbanos que se realizan en un espacio den respuesta a las necesidades reales y las dinámicas de las personas que los utilizarán.

Cuando se piensa un proyecto que de una u otra forma mejorará la calidad de vida de una población, por ejemplo una escuela, un centro de salud, una biblioteca, un parque o una placa polideportiva, no se puede olvidar a quienes harán uso de ese espacio.

Es importante incluirlos en las diferentes etapas del proceso porque son ellos quienes mejor conocen las necesidades del territorio, aportando información de valor para que el equipo de arquitectos y demás profesionales desarrollen una obra coherente con las necesidades y las prioridades de la comunidad.

El diseño participativo se convierte en la mejor herramienta para sacar adelante este tipo de proyectos. De acuerdo con Juan David González, arquitecto y coordinador de Proyectos Urbanos Integrales (PUI) en la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU), se trata de “trabajar en conjunto con la comunidad, recolectar toda la información, requerimientos y expectativas que tienen para luego, con base en esto, presentarles una propuesta arquitectónica”. El arquitecto no impone un proyecto, escucha a la gente para desarrollarlo: la relación es horizontal.

Así se trabaja con la comunidad

Existen diferentes métodos para trabajar en conjunto con los usuarios finales de los proyectos. Uno de los más conocidos es el de Rodolfo Livingston, arquitecto argentino que en la década de 1990 trabajó en la modificación estructural de viviendas en Cuba.

Su método consistió en establecer y mantener una fuerte relación con los usuarios, en este caso, las familias que habitaban las viviendas. Antes de desarrollar el proyecto, Livingston propone dos etapas:

1. Recolección de información primaria: se recolectan datos sobre el terreno donde se desarrollará el proyecto o del espacio que se va a intervenir, por ejemplo, su contexto urbano, su situación geográfica, el estado técnico del lugar, entre otros. También, a través de una entrevista didáctica, el arquitecto conoce las necesidades y aspiraciones de los usuarios y les pide que describan y dibujen el lugar que sueñan.

2. Creatividad o estudios de factibilidad: con toda la información recolectada en la etapa anterior, el arquitecto tiene una mirada mucho más amplia y puede empezar a desarrollar las posibles soluciones. Cuando tiene lista la propuesta, la analiza con los demás miembros del equipo y por último la presenta a los clientes finales, quienes conocerán la obra que con sus ideas y deseos ayudaron a construir.

En el caso de la EDU, desde hace más de ocho años trabaja con una metodología propia para conocer las ideas de la gente. Lo primero es ganarse su confianza e invitarlos a participar de actividades de socialización para que se enteren del proyecto que se realizará y cuenten a los profesionales cuáles son sus necesidades. También realizan talleres de imaginarios para que los usuarios describan y dibujen el proyecto que se imaginan. Con todo esto, el equipo de arquitectos desarrolla el proyecto y finalmente, lo socializa con la comunidad que hará uso de él y en caso de dudas, las resuelve.

Así como estos, existen otros métodos de diseño participativo. Sin embargo,el objetivo siempre será el mismo: que las ideas de los usuarios finales sean incluidas en el diseño y creación del proyecto, pues como dice González, “la gente tiene sus propias dinámicas y hay que escucharlos, tienen mucho para aportar”.

Entonces, el rol del arquitecto no es el de imponer una obra a una comunidad, sino el de tener la capacidad de traducir los deseos y necesidades que le exponen en un proyecto técnicamente viable y que genere sentido de pertenencia en sus usuarios.

Algunos proyectos

1. Escaleras eléctricas de la comuna 13 en Medellín: están en el barrio Las Independencias, fueron pensadas y diseñadas con la participación de la comunidad, que tenía la necesidad de mejorar el acceso a sus viviendas. Por las condiciones del lugar y después de analizar diferentes alternativas, esta fue la mejor opción. Son de cáracter público.

2. El Trébol en Bogotá: se trata de un lugar de encuentro en la localidad de Kennedy en el que la comunidad participa de talleres, conversatorios, exposiciones, entre otras actividades culturales y educativas. Aquí se llevó a cabo un proceso de autogestión y autoconstrucción para recuperar un espacio que estaba abandonado, a través de diferentes talleres la comunidad aportó sus ideas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *