Grandes realidades

Gabriel Arango, arquitectura para la sociedad

El arquitecto Gabriel Arango defiende que toda obra debe aportar a la transformación del sitio donde se encuentre.

Sala de negocios One Plaza

 

Al arquitecto Gabriel Arango los edificios lo hacen llorar… sí, siente tanta pasión por su profesión que cuando tiene la oportunidad de conocer una obra arquitectónica que se destaca por su belleza y por perdurar en el tiempo, llora de la emoción y por ser testigo de esa creación. Hace poco le pasó con el Partenón en Atenas, un templo con más de 2.000 años de historia y del que le asombra que siga en pie. “¿Cómo hicieron el análisis en esa época para construirlo?”, se pregunta.

Así como el Partenón, a Arango le llama mucho la atención la obra del catalán Antonio Gaudí, porque aunque fue desarrollada hace más de 100 años, hoy sus diseños son reproducidos en el espacio público, hay un gran respeto por lo que hizo y esto “es el culmen del arquitecto, cuando logras que muchas personas de generaciones posteriores a la tuya y de diferentes culturas se interesen en conocer lo que hiciste, en el caso de Gaudí, la Casa Batlló o la Casa Milà, por ejemplo”, opina.

Para él, este respeto que se logra a través del tiempo es mucho más importante que el éxito del momento y es para lo que han trabajado los grandes arquitectos: que sus obras no solo resuelvan un problema inmediato, sino también que perduren y generen admiración en quien las ve. Precisamente este es uno de sus deseos, que los proyectos que ha realizado y en los que hoy trabaja con su equipo no pierdan vigencia, por el contrario, que las generaciones futuras sientan asombro y respeto por estos.

Milla de Oro

Sentido de líder

La vida profesional de Arango comenzó en 1982 en AIA, cuando el departamento de diseño era muy pequeño: tres arquitectos y tres delineantes. Hoy, 35 años después, está conformado por 55 arquitectos y él es quien los dirige. No le gusta ser protagonista, más bien reconoce que lo que ha logrado ha sido gracias al trabajo en equipo. “Soy el que toma la última decisión, pero también estimulo, oriento, regaño y formo. Detrás de mí hay mucha gente”, cuenta.

El sentido de ser de la arquitectura es proponer y diseñar. Es lo que tratamos de hacer todos los días en AIA”. Gabriel Arango, arquitecto.

Y es que finalmente su labor como Gerente de Proyectos es integrar las ideas que su equipo propone y de esta forma, lograr un objeto arquitectónico que sea coherente con el sitio, el momento histórico y el deseo del cliente, “el arquitecto es un integrador y a su vez un organizador de espacios, que con base en el análisis que hace de los distintos componentes arquitectónicos, determina el tamaño de estos, el lugar donde van, la apariencia y la posición que tendrán con relación al sitio”, asegura.

Como el líder que es, Arango le enseña a su equipo que cada obra debe tener un equilibrio entre la técnica y la estética, es decir, que no solo sea funcional sino que también proponga algo artístico. Por eso, más que hablar de un estilo que se reconoce en una y otra obra, prefiere hablar de constantes: que lo que se haga contribuya a mejorar el sitio en el que esté y que haya un aporte a la sostenibilidad ambiental, social y económica porque “para hacer un buen trabajo no basta con satisfacer las necesidades del cliente, hay que aportarle algo más a la sociedad en la que estemos”.

Así, para cada nuevo proyecto, se debe buscar un método específico que permita combinar adecuadamente la técnica y el arte, pues, afirma, es lo que distingue el proceso creativo de los arquitectos de los demás procesos creativos.

Sus trabajos

La experiencia y la capacidad que tiene para adaptar su visión a las necesidades específicas de cada proyecto, han servido para que Arango proponga, diseñe y coordine obras tan diferentes que aportan un valor adicional a la sociedad. El edificio de la Cámara de Comercio de Bogotá, el hotel JW Marriott, los edificios One Plaza, Milla de Oro y San Fernando Plaza en la avenida El Poblado en Medellín, el Museo del Agua EPM, la Universidad Santo Tomás en Bogotá, entre otras, son algunas de estas.

Sin embargo, las que más satisfacción le dan son aquellas que ha pensado para que utilicen o habiten los más desprotegidos de la sociedad. En el siguiente video nos cuenta por qué:

La Fundación Berta Arias de Botero, el Colegio de Calidad San Antonio de Prado y la Fundación Juan Felipe Gómez Escobar en Cartagena, son tres de las obras con enfoque social que lo hacen sentir orgulloso.

¿Qué te pareció la visión sobre arquitectura que tiene Gabriel Arango? Déjanos tus comentarios.

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