Grandes realidades

La formula del arquitecto Juan Felipe Uribe para hacer espacio público

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Para llegar a la oficina de Juan Felipe Uribe hay que atravesar una quebrada y pasar bajo un árbol al que llaman falso laurel, tupidísimo. El camino, un ritual de desconexión del agite de la ciudad, continúa con una estación para quitarse los zapatos. Finalmente, una recta con computadores a cada lado llega a él, que hace espacio entre pliegos llenos de bocetos.

Habla con entusiasmo, solo para a tomar agua. “Cuando estás trabajando un proyecto privado es fácil entender qué quiere la persona, solo tienes que sentarte con ella, hacerle preguntas y escucharla, en cambio cuando estás haciendo espacio público las preguntas tienes que respondértelas tú, es un ejercicio de introspección y de observación del entorno”, dice.

-“¿Qué tipo de espacio le hace falta a Medellín?”-, se preguntó antes de iniciar el proyecto del Parque de Los Pies descalzos.

-“Uno donde pueda estar toda la familia”-, se respondió.

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Entonces diseñó un parque con un guadual por el que se puede caminar, un gran jardín zen, un laberinto, un pozo de agua para meter los pies y chorros interactivos, “quería que la gente tuviera un espacio tranquilo donde pudiera estar el máximo de tiempo posible. En Medellín había pocos parques, los espacios de relajación y de encuentro con la naturaleza eran las fincas de estrato alto, para la gente común no existían muchas opciones”, indica.

El Parque de Los Pies Descalzos se inauguró en 1999, el fin de una década trágica para la capital de la montaña. “Nos planeábamos como una ciudad violenta, nos estábamos escondiendo de las bombas, llevábamos mucho tiempo sin hacer espacio público porque se creía que no estábamos preparados para eso, pero la ciudadanía siempre está preparada cuando se le ofrece dignidad”, explica.


“El espacio público es el antídoto contra la falta de tiempo que es lo que nos hace la vida miserable”.

Juan Felipe Uribe, arquitecto


Y fue precisamente la dignidad lo que diferenció este parque. El diseño era completamente innovador y los materiales, de tan de alta calidad que generaron sorpresa: royal veta, vidrio templado, aluminio de primera línea, maderas importadas, enchapes en piedra, arena de cuarzo y fuentes interactivas. Todo un escándalo para una época en la que lo público estaba asociado a la baja inversión. Pese a ese estigma Uribe defendió la calidad, pues como él señala el espacio público es donde las sociedades muestran su máximo nivel de civilización.

-“¿Dónde mostraban los griegos su civilización?”-, pregunta.

-“Pues en el ágora”-, se responde.

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El Parque no está a nivel del suelo, tiene plataformas que obligan al transeúnte a bajar su ritmo y que ponen al espacio “en un nivel sagrado” donde se dan la fricción social y las conversaciones. Además, conforman la silla más grande de Medellín, pues las plataformas son sentaderos por naturaleza.

Respecto al resultado de este lugar Uribe dice: “El Parque se mantiene lleno y ese es el mejor medidor de éxito”.

 

Un lugar para ver las estrellas

Lo llamaron para remodelar las instalaciones del planetario de Medellín, pero cuando llegó se dio cuenta que el problema no estaba adentro. “El lugar estaba en pésimas condiciones, enrejado y sus vecinos eran fortalezas”, comenta. Propuso sacar las actividades y hacer un espacio donde la gente se acostara a ver las estrellas. Las críticas sobraron, entre otras razones por la condiciones de seguridad de la zona, pero él insistió argumentando que si pasas por un lugar y ves gente acostada, la sensación de peligro y de inseguridad desaparece, pues esa postura se asocia con la tranquilidad. “Cuando lees las ciudades te dicen más las posturas y los gestos de la gente que cualquier teoría”, afirma.


“El Parque de los Deseos se volvió un referente de ciudad porque allí pueden convivir todas las clases sociales”.

Juan Felipe Uribe, arquitecto

Ver las estrellas no justificada la inversión, entonces pensaron en llevar cine. “La gente no creía que las películas fueran gratis, que el lugar no tuviera rejas y menos que pudieran ir a la hora que quisieran” dice Uribe, pero desde que el Parque se inauguró en 2003 la gente se acostó a ver películas y allí han permanecido hasta hoy.

Nuevamente la práctica demostró que la ciudad estaba preparada para un espacio como este y que la violencia no era un lenguaje que allí se usaría. “Medellín tenía una población que no había sido escuchada en años, que estaba complemente abandonada, y la violencia era su canal de comunicacion porque no tenían otra manera de hacerse oir. El espacio público es lo único que queda para tranquilizar a una sociedad que recibe poco y esto se confirmó en el Parque de los Deseos”, señala.

 

El transporte fue el primer paso

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Juan Felipe afirma que el éxito de estos espacio es consecuencia de un proceso que inició con la construcción del Metro de Medellín en la década de los 80. “Este sistema de transporte fue el que nos enseñó que podíamos mezclarnos y que lo público podía ser de calidad”, dice. Además superó las expectativas de la ciudad y movió las aspiraciones de sus habitantes, “había que arreglar la ciudad con cosas catogóricas, que fueran más allá de satisfacer necesidades y tocaran las aspiraciones, el Metrocable responde a eso, podían darles buses pero que les dieran cabinas que van por el aire, sin rudio, como en un paseo, era permitirles soñar con otra realidad”, explica.

La comunidad respondió apropiándose de los espacios y embelleciendo el entorno. Empezaron a demostrar el orgullo que sentían por sus calles arreglando las fachadas que miraban al sistema, aprendiendo sobre el espacio para compartir su conocimiento con los visitantes y respetando los nuevos lugares. La administración de la ciudad también cambió de paradigma y desde entonces cada nuevo alcalde busca cómo mejorar la movilidad en la ciudad integrando elementos al Sistema Metro.

El crecimiento de este servicio también ha permitido que se de otra de las premisas que Juan Felipe considera clave para vivir el espacio público en la ciudad y es que estos se entiendan como una red, es decir, que estén conectados y que sea fácil moverse entre ellos. “Cada espacio debe entenderse como parte de una secuencia”, indica.

 

Por personas para personas

“La mayor virtud de la arquitectura es hacer que la gente sienta que está en el Amazonas cuando en realidad está junto a San Juan, una de las vías más congestionadas de la ciudad”, dice refiriéndose a la pantalla de agua que hay en el Parque de Los Pies Descalzos. Explica que el oficio es conductista y que esto debe aprovecharse para ayudar a la gente a ser más feliz y a sentirse cómoda.

“La comodidad favorece la interacción y más adelante lleva a la reflexión, que para mí es algo fundamental. La comodidad se garantiza con sombra, un lugar donde escamparte si llueve y un buen mobiliario; esas son las tres premisas de mi trabajo”, señala. Respecto a la reflexión dice que los espacios públicos también deben favorecerla con lugares donde la gente pueda disfrutar de pasar tiempo sola.

Las personas son su prioridad, en todas sus maquetas hay pequeños muñecos que las representan, en diferentes poses. Para ellos sueña espacios donde puedan acercarse a la naturaleza, desplegar su cultura y vivir el ocio. En Medellín sueña con la continuación de un gran parque que acompañe el trazado del río, con vías para la movilidad en bicicleta y conectado con lo cerros. Insiste en seguirle apostando a los buenos materiales y a los procesos cuidados, “construir es como hacer panadería, hay que respetar los tiempos y los procesos de los ingredientes”, indica.

Confiesa que todavía se emociona cuando pasa por los parques que diseñó y los ve repletos de gente, “son proyectos hechos con un amor infinito, verlos en uso es muy emotivo, es romántico y te da energía para seguirlos haciendo”, concluye.
¿Qué piensas del trabajo de Juan Felipe Uribe?, ¿estás de acuerdo con sus premisas sobre el espacio público? Cuéntanos tus ideas para mejorar este tipo de lugares.

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